MOVIMIENTO

Autora: Ayda Luz Mena Casas

Resumen

El texto reflexiona sobre la relación entre la paz, la justicia, los derechos humanos, el arte y la protección de la vida. Parte de la idea de que la violencia, la desigualdad y la exclusión amenazan tanto a las personas como a la naturaleza. A partir del Objetivo de Desarrollo Sostenible 16, plantea que la construcción de una sociedad pacífica requiere instituciones sólidas, acceso a la justicia y participación ciudadana. Se sostiene que el arte tiene un papel fundamental en los procesos de reconciliación, memoria, reparación y transformación social. Las expresiones artísticas permiten sanar heridas individuales y colectivas, fortalecer la convivencia y dar voz a comunidades históricamente marginadas. Finalmente, el texto conecta la paz con la defensa de la naturaleza, la memoria histórica y la necesidad de crear condiciones de dignidad para todas las formas de vida.

Palabras clave: ODS 16, paz, justicia, instituciones sólidas, artes, derechos humanos, vida, naturaleza, noviolencia, política.

Entre paz, arte, memoria y dignidad

En un mundo donde la vida está amenazada surge el interrogante ¿Qué lo ocasiona? ¿Qué hacer para frenarlo? La Constitución Política de Colombia de 1991, en el artículo 11, afirma que: “El derecho a la vida es inviolable. No habrá pena de muerte”. Al promover sociedades pacíficas, y reafirmar que los seres humanos son iguales ante la ley se alinea con la meta del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 16 de garantizar acceso equitativo a la justicia y protección de los derechos humanos, a las rutas para garantizar el cumplimiento de sus derechos y salvaguardar la vida.

La armonía del ser interior se encuentra amenazada. Esta condición repercute en la forma en que la sociedad comprende los derechos, el bienestar y el cuidado de todas las formas de vida. El ODS 16 “Paz, justicia e instituciones sólidas” plantea unas características, pilares desde donde se gesta la paz. Al respecto López (2012), señala que:

Para un observador imparcial nuestro pasado siglo XX fue uno de los más violentos, crueles y sanguinarios de todos los tiempos. La tecnología y la cultura de la muerte ha estado demasiado presente en las guerras de naturaleza destructiva a escala industrial, de los genocidios y exterminios precedidos de fuertes dosis de propaganda y justificación, de una ciencia al servicio del mal y de la destrucción para favorecer a unos humanos frente a otros de un reparto de los bienes del mundo que desprotege y abandona a un tercio de la Humanidad en la cuneta del hambre y la desesperación. (, p. 5)

En el ODS 16 se incluyen diferentes metas que invitan a poner fin a la violencia, reducir la corrupción, promover el estado de derecho, fortalecer las instituciones, y garantizar la adopción de decisiones inclusivas que “promuevan una sociedad justa, pacífica, inclusiva y sensible”. También, siembra rutas, crea estrategias para la paz mundial, abre una puerta para alcanzar estos objetivos de forma real y duradera, busca generar una cultura de paz, honestidad y justicia que dé esperanza a la humanidad.

Las artes son lenguajes universales que mueven la vida. En Colombia se crea la Ley 2555 Artes al Aula, uno de los programas más ambicioso del Ministerio de Cultura, el cual se articula con el programa Artes para la paz, el cual busca tener impacto en las niñas y los niños de todo el país.

Una niñez sana es eliminar una cadena de pobreza, dolor, tristeza, odio y resentimiento. Para ello se debe poner fin al maltrato, la explotación, la trata de personas y todas las formas de violencia y tortura contra las niñas y niños. Al promover un estado de derecho en el plano nacional e internacional se está enviando un mensaje directo, que la vida, la igualdad, el acceso a la justicia hay que garantizarla y no para unos pocos, sino para todas y todos, porque las vidas en el mundo importan.

Según la Constitución Política de Colombia de 1991:

Todas las personas nacen libres e iguales ante la ley, recibirán la misma protección y trato de las autoridades y gozarán de los mismos derechos, libertades y oportunidades sin ninguna discriminación por razones de sexo, raza, origen nacional o familiar, lengua, religión, opinión política o filosófica. El Estado promoverá las condiciones para que la igualdad sea real y efectiva y adoptará medidas en favor de grupos discriminados o marginados. (art. 13)

Los derechos básicos, salud, vivienda, recreación, educación, alimento, seguridad, justicia y respeto por el otro en su diferencia son algunos de esos derechos pendientes que no permiten que se perciba la paz, la justicia y el alcance del ODS 16. Dentro de las sociedades en las que vivimos, se está expuesto a amenazas, violencia sexual, física, psicológica, trata de personas. Al reducir la corrupción, los sobornos, la violencia, el maltrato de todos los seres vivos, proteger la libertad de todos los ciudadanos del mundo se tendrá una sociedad libre, con paz, justicia, seguridad y dignidad.

Transformaciones humanas como condición para la paz

La época actual está atravesada por desafíos, divergencias y convergencias que exigen una ampliación de la conciencia social. Es un periodo formativo y paulatino que entreteje de forma armónica la vida a través de una transformación interna y poiética. Este proceso permite el reconocimiento en el otro, transformando las luchas colectivas en horizontes de esperanza que movilizan los espacios habitados.

Desde la teoría del neurocientífico Paul MacLean, el cerebro humano está constituido por tres capas interrelacionadas, representadas por tres sistemas cerebrales: el cerebro reptiliano, encargado de los instintos básicos de supervivencia; el sistema límbico, donde habitan los sentimientos y las emociones; y el cerebro racional o neocórtex, que permite ejercer la libertad en nuestra manera de pensar, actuar y relacionarnos con el entorno, así como dar respuestas responsables, coherentes y humanizadoras.

Según De la Torre (2012), en un mundo donde prima el instinto, el ser humano entra en desequilibrio, da rienda suelta a sus impulsos más básicos, predominando sobre la razón. Pero en cambio si el ser humano activa su racionalidad se convierte en un entramado de conexiones que nos invita a transformarnos en seres sensibles, capaces de cuidar la vida y de construir una convivencia más cercana a todas las formas de vida y humanizar al ser humano.

La vida no cambia de golpe, es preciso recoger los trozos de vidrios y mirarnos en ese espejo fragmentado y reconocernos en cada uno de ellos, si nos rompemos en mil pedazos nos reconstruimos. Para López (2012), “Los seres humanos tenemos la conciencia de que hemos completado una parte muy importante de nuestro proceso de hominización, pero tenemos, asimismo, grandes incertidumbres y desesperanzas de hacia dónde ha de ir nuestro proceso de humanización” (p. 5).

Noviolencia, un concepto del cual se viene hablando hace mucho tiempo, desde Gandhi, Martín Luther King, hasta López, una paz que no busca ser perfecta, sino interrelacionar todas las formas que la armonizan, no sólo se trata de no ser violento, sino negarla desde todos los ámbitos posibles. La paz es un proceso inacabado que se transforma desde adentro, desde sus propias limitaciones. La paz no tiene que ser perfecta tiene que hacerse perfecta en nuestro deseo de vivirla y compartirla.

Según Maturana (1997), “como el convivir humano tiene lugar en el lenguaje, ocurre que el aprender a ser humanos lo aprendemos al mismo tiempo en un continuo entrelazamiento de nuestro lenguaje y emociones según nuestro vivir” (p. 11).

Arte, memoria, mediación y política para la paz

El amor, la paz, la reconciliación y las artes desarrollan en nosotros las más perfectas potencialidades, perfectas porque cada uno de nosotros se refleja en un espejo, un boceto que se perfecciona, trazo a trazo. Muchas veces queremos ver la obra finalizada, sanar nuestras heridas, romper el molde y abrirnos como esa crisálida, salir del cascarón sin ninguna cicatriz y volar (Ley 2555 de 2025).

La autopoiesis aplicada a las instituciones puede ser comparada con un panal, un sistema vivo capaz de adaptarse y dar respuesta creativamente a las necesidades del ser humano. Ver entonces las artes como una red que será entretejida con todas las artes como movimiento de sensibilidad y libertad, las cuales proporcionan un espacio simbólico de reparación, reconciliación y perdón, en este sentido:

Las artes son innatas en todas las personas, independientemente de su edad, género, raza o capacidad. Embebidas en todas las culturas, las artes, cuando se utilizan como herramientas de creatividad, tienen una poderosa fuerza sanadora, expresiva y de construcción de relaciones. Las artes se convierten en un puente, no sólo hacia el mundo interior de las personas sino, también, hacia el paisaje dinámico entre las personas, las familias, las comunidades y las naciones. Las artes pueden tejer una narrativa colectiva que da testimonio del sufrimiento, la pérdida, el conflicto y la discriminación, y así convertirlos en una forma en la que las comunidades puedan ser profundamente escuchadas. (Herbert et al., 2020, p. 12)

La dimensión política del arte permite confrontarnos con el sistema, nos invita a mirar con ojos nuevos y evidenciar lo que una parte de la sociedad ha experimentado durante siglos, racismo estructural, clasismo, xenofobia, estereotipos, pero esta ha sido invisibilizada, minimizada y negada porque está tan interiorizado que se ha normalizado. El arte y la política están intrínsecamente vinculadas, ambas configuran formas de expresión que transforman la vida en un estado de noviolencia, de mediación semiótica y praxis que cuestiona el paradigma social y abre espacios relacionales para propiciar y contribuir para una convivencia pacífica.

Desde la perspectiva de la vida, la justicia se teje, se pinta, se talla, se canta, se danza, se dramatiza y se hace memoria de los y las que ya no están. El lugar del arte es un espacio que está cargado de sentimiento, memoria, verdad y dignidad. El lugar de enunciación nos lleva a una valoración sistemática de los derechos humanos, la cual requiere de una intervención, métodos que impacten en la salud física, mental y emocional para un buen vivir, y las artes ayudan a resignificar su poiesis, para llegar a esa reparación simbólica a la cual tienen derecho.

Al mirar el mapa del mundo, vemos territorios como Latinoamérica; Colombia, Venezuela, Cuba, Ucrania, Medio Oriente, Sudán, República Democrática del Congo, Myanmar, África subsahariana, en los cuales se evidencian cicatrices y personas con múltiples traumas. Desde una postura humanista, el ODS 16 plantea una utopía, que las artes, la educación y la memoria sean puentes hacia la reconciliación. Que las voces silenciadas por la violencia se transformen en cantos de vida y que la historia de los países deje de escribirse con sangre para ser narrada con esperanza, dignidad, libertad y amor.

Es indiscutible, entonces, que nazca una reflexión desde la necesidad de hacer frente a una dificultad existente, la concepción lineal del mundo. La sostenibilidad de la vida se encuentra bajo una amenaza inminente, lo cual exige asumir una postura activa en la defensa y el cuidado del entorno común. Concebir un desarrollo social en espiral abre paso a expresiones noviolentas mediadas por las artes como herramientas fundamentales de sanación colectiva.

La noviolencia se plantea como un mecanismo fundamental dentro de las acciones para la paz. A lo largo de la historia, el ser humano que ha vivido la desigualdad ha buscado por todos los medios vivir en paz con igualdad y respeto. Martin Luther King a través de su vida pronunció discursos en favor de la vida, alzó su voz con acciones noviolentas a favor de la igualdad social, y aunque le arrebataron la vida el 4 de abril de 1968, él sembró una semilla, dejó un legado el cual es recordado hasta hoy. Las bases para el cambio: en 1964 se aprobó la Ley de los Derechos Civiles, y un año después, la ley de derecho al voto para la población afroamericana.

En su discurso “Tengo un sueño” Martin Luther King 28 de agosto de 1963: “Les digo a ustedes hoy, mis amigos, que, pese a todas las dificultades y frustraciones del momento, yo todavía tengo un sueño” Puente Europa (2013, p. 69).

Es por él y muchas personas más que las artes representan un cimiento para imaginar, construir sociedades más justas.

Referencias

CEPAL. (2016). La Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible: Una oportunidad para América Latina y el Caribe. Naciones Unidas.

De la Torre, G. (2012). En busca de una definición de espiritualidad que incluya el amplio horizonte de la espiritualidad. Espiritualidad y religiosidad Afrodescendiente, (10), 21-35.

Flores, F., Spinosa, C., & Dreyfus, H. L. (1997). Abrir nuevos mundos: iniciativa empresarial, acción democrática y solidaridad. Paidós.

Gardner, H. (1993). Mentes creativas: Una anatomía de la creatividad. Paidós.

Herbert, C., Kry, S., Hyma, R., Park, D., & Pérez, M. A. (2020). Arte y paz: Navegando los vínculos entre el arte y la paz. Fundación Cambio Democrático.

López Martínez, M. (2012). Noviolencia: Teoría, acción política y experiencias. Beta Educatoria.

Maturana, H. (1997). El sentido de lo humano. Dolmen Ediciones.

Maturana, H., y Varela, F. (1972). De máquinas y seres vivos: La organización de lo vivo. Editorial Universitaria. Martin Luther King Jr. (2013). Yo tengo un sueño. Puente Europa, 11(2), 69–75. Universidad de Bolonia. (Discurso original pronunciado el 28 de agosto de 1963 en el Lincoln Memorial, Washington, D. C.).

Paz, arte y noviolencia